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lunes, 1 de diciembre de 2014

EL MUSEO BÉLICO DE “L’ABRI”.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el nº 305 correspondiente al mes de noviembre de 2007, de la Revista "ARMAS", págs. 76-84.
Los originales están ilustrados por treinta y tres fotografías en color. 

El filósofo, poeta y novelista español Jorge Santayana, fue quien escribió aquello de que quienes olvidaran su pasado estaban condenados a repetirlo. Pues bien, bajo dicha máxima se ha configurado uno de los museos bélicos más singulares de la Alsacia francesa.

 Si en el número anterior de ARMAS contábamos la historia de la Línea Maginot y profundizábamos, como botón de muestra, en la casamata de infantería de Esch, ilustrándolo con numerosas fotografías de sus preciados fondos históricos, esta vez toca el turno a otro museo muy singular, el de L’Abri, también repleto de armamento e historia, pero con un enfoque diferente.

Se encuentra situado a 50 kilómetros de Estrasburgo y a 40 de Karlsruhe, ocupando una gran superficie de terreno –casi 4 hectáreas- a las afueras de la pequeña localidad alsaciana de Hatten, a la que se llega tras tomar la salida número 57 de la autopista A-35.

Nada más cruzar su entrada el visitante español –tras abonar 5 €- se apercibe de que es bastante diferente de lo que está acostumbrado a encontrar en su país. A pesar de poder vislumbrar sobre la explanada toda clase de vehículos militares, carros de combate, piezas de artillería e incluso aviones y helicópteros, no se trata de una instalación de las Fuerzas Armadas francesas o de algún otro organismo oficial que tutelase un museo de estas características.

Los paneles y carteles informativos existentes dan cuenta de que dicho recinto, su contenido y exposición se deben a la Asociación de Amigos del Museo de L’Abri de Hatten, afiliada a la Federación de Asociaciones de la Línea Maginot de Alsacia (FALMA).

Una vez más, tal y como suele suceder por aquellos lares, un grupo de entusiastas aficionados de su historia local y el mundo de las armas, decidió en 1994 poner en marcha su propio museo, no sólo con fines de atracción turística sobre su pequeño pueblo, sino también para dar a conocer a sus jóvenes y futuras generaciones, los sucesos históricos en los que se habían visto sumidas estas tierras y sus habitantes, hacía poco más de medio siglo.

 Agrupados alrededor de una de las casamatas de la veterana Línea Maginot, comenzó un ambicioso proyecto que contó con apoyo municipal e incluso con la financiación de una entidad bancaria local. Y todo ello montado con las pertinentes autorizaciones y parabienes oficiales, teniendo en cuenta que allí no se iban a exponer sólo documentos, fotografías, maquetas y maniquíes uniformados, sino armamento pesado y ligero de todo tipo, además de toda clase de artilugios y vehículos bélicos. Evidentemente no estamos en España.

Tal y como corresponde a la era cibernética en la que vivimos, el museo tiene su propia página en Internet (www.maginot-hatten.com), que se inicia con la histórica frase escrita por el filósofo, novelista y poeta de origen español y afincado en EE.UU., Jorge Agustín de Nicolás Ruiz de Santayana (1863-1952): “Los que olvidan el pasado están condenados a repetirlo”.

 Aunque desgraciadamente no está abierto todo el año, cuenta con un calendario y horario de visitas más amplio que otros museos de historia bélica de la zona, debido seguramente a que buena parte de sus variados fondos se encuentran bajo techo y no sólo bajo tierra: de jueves a domingo entre el 1 de marzo y el 11 de noviembre así como todos los días de la semana del 15 de junio al 15 de septiembre.

Una vez en el interior del recinto y tras ser atendidos por los amables miembros de la asociación encargada de su conservación, que no ponen objeción alguna al visitante para que fotografíe cuanto quiera, puede procederse a visitar, con la ayuda del correspondiente plano, las casi cuatro hectáreas que comprenden las diferentes zonas e instalaciones del museo. En caso de visita en grupo existe la posibilidad de contar con un guía local.

Armas pesadas y vehículos.

Expuestos a las inclemencias del tiempo –muy rigurosas en invierno- puede contemplarse una variadísima colección de armamento pesado y vehículos militares utilizados en el siglo XX, principalmente entre 1940 y 1980, que los conservadores del museo denominan “La Historia a través del material”. Eso si, un cartel de grandes dimensiones advierte al visitante, en francés y alemán, que está estrictamente prohibido subirse a los vehículos. ¿Por qué será?.

Si bien hay que decir que la exposición al aire libre no guarda mucho concierto ni orden, salvo su agrupamiento por nacionalidades, no puede negarse su variedad, tratándose de “supervivientes” que habiendo prestado servicio en otras épocas, al menos han podido ser salvados del soplete y el desguace, evitándose así su reconversión en mera y triste chatarra.

Entre los de procedencia francesa, que lógicamente son los más numerosos, hay toda clase de vehículos e ingenios militares, tanto de combate como de apoyo logístico, pudiendo encontrarse entre los primeros desde un Panhard M 54 dotado de su cañón de 75 mm. y sus tres ametralladoras de 7’5 mm., hasta entre los segundos, un camión SIMCA de 1957, cuyo motor estaba basado en el del Ford Mercury de 1947, y que se utilizaba como taller móvil de campaña.

Respecto a los que sirvieron en el ejército norteamericano hay piezas que llaman poderosamente la atención de cualquier visitante, como por ejemplo el obús tipo M 1 con su impresionante cañón de 8 pulgadas o 203 mm. que era capaz de lanzar sus proyectiles hasta 17 km. de distancia, así como un veterano carro de artillería autopropulsada M 7 que montaba un obús de 105 mm. y que fue apodado como el “Priest” (el cura) porque la torreta de su ametralladora de 12’70 mm. se asemejaba a un púlpito.

Si curiosa puede calificarse el espacio dedicado al material ruso, o mejor dicho, soviético, entre cuyas piezas se encuentran, entre otras muchas, un potente cañón de 152 mm. y un carro de combate T-34, del que los miembros de la asociación aseguran que sólo existe otro ejemplar más en Francia, más interesante es para el visitante la parte dedicada al periodo de la denominada “Guerra Fría”, ambientada en la antigua Alemania del Este.

Así, el visitante puede disfrutar de una parte del autentico y ya desaparecido “Muro de Berlín”, un puesto de control de paso o check-point del sector soviético al norteamericano, con la consiguiente recreación de casetas, señales, carteles, maniquíes uniformados y mobiliario utilizado en la década de los 60 del siglo XX.

Pero el material procedente del antiguo Bloque Comunista no termina ahí sino que también se exponen hasta un avión turborreactor Mikoyan-Gurevich MIG-21, varios helicópteros, una estación meteorológica e incluso una estación radar rusa, que sus conservadores presumen de ser la única que existe en territorio galo.

La Sala de 1944-1945.

Se encuentra situada en el interior de un hangar de grandes dimensiones que contiene una magnífica colección de armamento ligero y pesado empleado durante la Segunda Guerra Mundial, prestando especial atención al utilizado por alemanes y americanos en los encarnizados combates de carros de combate e infantería que se libraron en Hatten entre el 9 y el 21 de enero de 1945.

Las fuerzas germanas estaban lideradas por la 21ª Panzer División y la 25ª Panzergrenadier División, mientras que las contrarias estaban encabezadas por la 14ª División Blindada norteamericana. Los combates fueron tan violentos que destruyeron el 90% de los edificios de las poblaciones de Hatten y Rittershoffen, causando la muerte a 104 de sus vecinos –que son recordados con nombres y apellidos en una placa- y centenares de heridos.

La balanza se inclinó inicialmente a favor de los soldados alemanes que estaban llevando a cabo su Operación “Nordwin” y los americanos tuvieron que replegarse en la noche del 20 al 21 de enero. El 19 de marzo siguiente regresaron y conquistaron ambas por fin poblaciones durante la Operación “Undertone”. Atrás quedó una batalla, librada casa por casa, que algunos han comparado por la dureza de sus combates con la de Stalingrado.

La soberbia exposición tiene dos zonas bien diferenciadas: la primera se trata de una recreación de la zona de operaciones en ambos bandos montada a base de vehículos pesados y ligeros, maniquíes uniformados y armas de toda clase, ambientado todo ello con sacos terreros, alambradas, fortificaciones, etc., mientras que la segunda se trata de un variado conjunto de vitrinas repletas de armas portátiles y otros efectos de la época.

En la reconstrucción no faltan, entre otras muchas piezas de gran interés, por parte norteamericana, obuses de 105 mm., vehículos semiorugas M 3 dotados de montajes cuádruples de ametralladoras Browning de 12’70 mm., autoametralladoras M 20 con su ametralladora de 12’70 mm. o el jeep “Willys”. Y por parte germana se pueden apreciar ejemplares del cañón antiaéreo M 18 de 88 mm., la motocicleta semioruga Kettenkrad, el cazatanques Hetzer con su cañón de 75 mm. y su ametralladora MG 34 de 7’92 mm. o el vehículo ligero Volswagen Kübel.

En las vitrinas, procedentes en su mayor parte de colecciones particulares, pueden apreciarse varias colecciones de ametralladoras, fusiles ametralladores, fusiles, subfusiles, pistolas, municiones, granadas de mano, cascos, condecoraciones y documentos varios, tanto americanos como alemanes, franceses e ingleses.

Respecto al armamento portátil hay que significar que no sólo se tratan de piezas en perfecto estado de conservación sino que también se exponen armas de la época que han ido siendo recuperadas por los miembros de la  asociación, bien de las aguas de los canales próximos a los que en su día fueron arrojadas por los propios combatientes en evitación de que fueran capturadas, o bien tras localizarlas enterradas bajo tierra en aquellos lugares donde se libraron los encarnizados combates. Evidentemente el estado de dichas armas y otros pertrechos, deja mucho que desear pero también es innegable que constituyen silenciosos y mutilados testigos de la historia.

Malgré-nous” y maquetas.

Hay una sala repleta de fotografías, efectos y documentos, que impresiona vivamente a quien la visita y cuya temática es bastante desconocida para los profanos. A modo de recuerdo y homenaje, está dedicada a lo que los franceses llaman “malgré-nous”, es decir, “a nuestro pesar” o lo que es lo mismo, a los franceses reconvertidos en alemanes que fueron incorporados a servir a la fuerza en la Wehrmacht.

Según se expone, cerca de 130.000 hombres de Alsacia y de Mosella fueron movilizados e incorporados a la Wehrtmacht entre 1942 y 1945. Ambas regiones habían sido incorporadas al III Reich y estaban consideradas por lo tanto como territorio alemán a todos los efectos, motivo por el cual sus habitantes fueron afectados también por las leyes de movilización germanas, aunque buena parte de los mismos se considerase y sintiese francés.

Bajo la amenaza de deportación para su familia si se atrevían desertar, tuvieron que combatir vistiendo el uniforme de quienes consideraban sus enemigos, estimándose en unos 40.000 los que murieron por una causa que no consideraban la suya propia. Dado que muchos fueron enviados a luchar en el Frente del Este, parte de ellos terminarían siendo capturados por los rusos, padeciendo cruel cautiverio durante una década en los temibles campos de concentración soviéticos, lo cual provocaría que fueran varios millares más los que nunca regresaran.

Por último, respecto a lo que salas se refiere, citar la llamada casa de las maquetas, donde puede contemplarse, entre otras cosas, la magnífica y detallada colección de miniaturas, a escala 1/35, de Robert M. Ehrstein, que representan las diferentes fases, obras y fortalezas que componían la Línea Maginot. Todo un artístico e histórico trabajo que bien merece la pena ser admirado.

La casamata de Maginot.

Una de las antiguas fortalezas subterráneas que conformaron la línea defensiva francesa constituye el corazón del museo local que comenzó a fraguarse a partir de 1994 y que agrupó a su alrededor las demás zonas expuestas anteriormente.

El impresionante bunker, protegido antaño por cañones de pequeño calibre, lanzagranadas, ametralladoras y fusiles ametralladores, parece emerger al abrigo de una contrapendiente para cubrirse del fuego directo enemigo, presentando una fachada de hormigón que mide 62 metros de longitud.

Construido durante 1934 y 1935, pasó a ser ocupado al año siguiente por una compañía del Ejército francés. En su interior había, bajo suelo, alojamiento para 220 hombres, así como municiones y víveres suficientes para soportar un largo asedio, que sin embargo nunca llegó a materializarse. La casamata de L’Abri, al igual que las demás de la Línea Maginot, se rendiría por su guarnición a los alemanes al comenzar el mes de julio de 1940, conforme las órdenes recibidas desde París tras la capitulación de Francia.

Dentro del bunker, han sido restauradas a su estado original y expuestas al público un total de 28 dependencias o habitaciones, de las que 8 de ellas han sido reconvertidas en salas que dotadas de vehículos, maniquíes uniformados, armas, mobiliario, etc., de la época, reproducen diferentes pasajes de la historia bélica local durante la Segunda Guerra Mundial.

Concretamente están dedicadas a la evacuación de la población de Hatten en 1939 hacia Châteauponsac en Haute-Vienne, a la forma de vivir en la localidad durante la ocupación alemana, a la organización alemana “Volkssturm” que fue creada por Hitler el 25 de septiembre de 1944 para agrupar a todos los alemanes todavía no movilizados que contaran entre 16 y 60 años de edad capaces de empuñar un arma, la encarnizada batalla de Hatten-Rittershoffen que se libró entre alemanes y norteamericanos en enero de 1945, la liberación por los Aliados de La Alsacia, así como la recreación de la enfermería y sala odontológica del recinto militar.

Finalmente la oferta cultural se completa con una pequeña sala de proyecciones en el interior del bunker, donde pueden visionarse documentales sobre la mentada batalla de Hatten, la liberación de Estrasburgo el 23 de noviembre de 1944 por las fuerzas mandadas por el general Leclerc y la Operación “Nordwin”, encomendada por Hitler a Himler, que tenía por objetivo principal, romper a principios de enero de 1945 la línea defensiva del VII Ejército americano del general Patch y enlazar con el XIX Ejército alemán, que había quedado cercado en la cercana bolsa de Colmar.





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