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domingo, 27 de julio de 2014

LA SINRAZÓN DE LA GUERRA CIVIL. PADRES, HIJOS Y HERMANOS GUARDIAS CIVILES ENFRENTADOS.


LXXVIII Aniversario Guerra Civil (1936-2014) en Cádiz.

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el "DIARIO DE CADIZ" del 18 de julio de 2014, pág. 23.
El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

Las obras y trabajos de investigación publicados por diferentes historiadores e investigadores sobre la guerra civil en la provincia de Cádiz supera ya el medio centenar en los últimos años, lo cual ha supuesto una trascendental aportación para conocer la trágica realidad que supuso aquella sinrazón.

Prácticamente se han abordado todas las temáticas, desde los aspectos políticos hasta los militares, pasando por la prensa, cinematografía, enseñanza, carnaval, etc., y muy singularmente la penosa cuestión de la represión, asignatura que desgraciadamente todavía no se ha cerrado en muchas familias gaditanas que siguen desconociendo donde descansan sus seres queridos.

Sin embargo hay dos aspectos humanos, y no son los únicos pendientes, que apenas han sido tratados en la historiografía gaditana. Uno de ellos es el de los miembros de una misma familia, especialmente padres, hermanos e hijos, que estuvieron combatiendo en bandos enfrentados. Y el otro, verdadero ejemplo de sincera reconciliación, es el de los matrimonios entre los hijos de combatientes de una y otra zona, e incluso de quienes fueron asesinados o represaliados.

Aunque muchos gaditanos conocen algún caso, más cercano o más lejano, nunca fueron temas de los que se hablara abiertamente en las familias. Esas historias se evitaron contar durante muchos años, pues el dolor a veces no tiene caducidad y era mejor no mentarlas, si bien jamás fueron olvidadas.

Pero también es cierto, que el conocimiento de las mismas, máxime cuando ya se va camino de cumplir ocho décadas de aquella sinrazón, fortalece el convencimiento de la irracionalidad que supuso la mayor tragedia de España en el siglo XX.

Desde el ámbito sociológico, uno de modelos de mayor cohesión y convivencia familiar en aquella época era la de los guardias civiles, pues buena parte de ellos vivían en casas-cuarteles. Incluso en un porcentaje importante habían nacido y criado en ellas, siguiendo después los pasos de sus padres e ingresando en el benemérito Cuerpo.

La tradicional lealtad de la Guardia Civil al poder legalmente constituido se fracturó por primera y única vez aquel 18 de julio de 1936, como se fracturó España entera. Y lo que intentó ser un alzamiento militar para dar un golpe de estado degeneró, tras fracasar, en una cruenta guerra civil que dividió inicialmente, más geográfica que ideológicamente, a los españoles.

En la Benemérita gaditana, las sentencias de los consejos de guerra sumarísimos y los expedientes personales que se conservan en los archivos históricos del Cuerpo, contienen numerosos ejemplos de ello.

Tanto de padres, hijos y hermanos miembros del Cuerpo que se vieron obligados por las circunstancias a servir en bandos enfrentados por razón de la llamada “lealtad geográfica”, como de aquellos que habían contraído o contrajeron matrimonio, aún a pesar de la restrictiva normativa dispuesta al respecto.

Tal vez, el más trágico del casi medio centenar de casos constatados, sea el de los guardias civiles de Ubrique. Su jefe de línea, el alférez Marceliano Ceballos González, fue sentenciado a muerte el 21 de agosto de 1936 como autor del delito de rebelión militar y fusilado dos días después en el castillo de San Sebastián.

Diez días antes del inicio de la sublevación había fallecido su esposa María Cano Barroso, con quien llevaba casado veintiséis años. El 9 de julio se dio de baja médica para el servicio por enfermedad, no restableciéndose hasta el día 16, fecha en la que se reincorporó al mando de su unidad. Desde luego su estado anímico no debía ser el mejor ante una sublevación militar iniciada menos de cuarenta y ocho horas después.

En el testimonio de su sentencia puede leerse que al ser, “el más antiguo de cuantos se encontraban en Ubrique en las fechas de autos, resultaba obligado a declarar el estado de guerra y todavía en mayor grado a no tolerar la oposición armada a que se hizo a las fuerzas liberadoras”. El no hacerlo le costó la vida.

En cambio, su hijo Guillermo, cabo de la Guardia Civil destinado en la Comandancia de Huelva, procedente de la de Cádiz, y que llegaría a alcanzar con los años el empleo de comandante, “se sumó al Glorioso Movimiento Nacional desde los primeros momentos”, según consta en su expediente.
Finalizada la guerra civil, su hermana María, de 25 años de edad, soltera, de profesión sus labores, en cuyo pabellón de la casa-cuartel de Coto Doñana habitaba, elevó una patética instancia al inspector general del Cuerpo, dando cuenta de su angustiosa situación:
Que el día 23 de Agosto de 1936, falleció mi padre que Dios lo tenga en su Santa Gloria, siendo Alférez del Instituto que V.E. y tan dignamente de la Comandancia de Cádiz, y mi madre el día 7 de julio del mismo año, siendo por lo tanto huérfana de padre y madre, y sin sostén de ninguna clase, teniendo además la recurrente a su amparo una abuela con 88 años, imposibilitada para trabajar, sin que hasta la fecha a pesar de hallarse instruyéndose el oportuno expediente de pensión de viudedad y orfandad a la que cree tener derecho como huérfana hija de Oficial por el Juez Militar Eventual de Huelva Don Lino Moreno, haya cobrado un céntimo y según me informan creo hay disposiciones dictadas por el digno Gobierno Nacional que con tanto acierto dirige nuestro Caudillo para bien de nuestra España, para que por los Jefes de Cuerpo sean pagadas las correspondientes pensiones a los huérfanos y viudas desde la fecha de su fallecimiento y mensualmente hasta que sea resuelto el expediente, ...”.
Y también otro triste caso, esta vez de hermanos, que quedaron, por “lealtad geográfica” en bandos enfrentados dentro de la provincia gaditana, tuvo también su escenario principal en la misma población de la sierra.
Se trata de los hermanos Manuel y Juan Casillas Aguilera, ambos sargentos de la Guardia Civil, comandantes de los puestos de Ubrique y Chiclana de la Frontera, respectivamente.
Mientras Juan, quien “adhiriéndose al Glorioso Movimiento Nacional desde el primer momento”, alcanzaría con el paso de los años el empleo de comandante, su hermano Manuel, quien “cooperó a la actitud y a la posición adoptada por el Jefe de su Línea”, junto al cabo Francisco Martín Ripollet, comandante del puesto de Carabineros en Ubrique, fueron condenados a la pena de reclusión perpetua con sus accesorias legales:
Por tener mando directo y personal sobre las fuerzas de sus respectivos Institutos ya que además como queda dicho no se asumió el mando local de estado de guerra por quien correspondía y aunque tuviesen dependencia o subordinación con respecto al Alférez Don Marceliano Ceballos deben considerarse según criterio de sana interpretación militar como culpables del delito de rebelión militar en concepto de autores, estimándoseles como circunstancia notoriamente atenuante la relación jerárquica antes apuntada”.
Y así hasta casi medio centenar de historias más repartidas por muchas casas-cuarteles de la provincia gaditana. Todos ellos fueron guardias civiles, de casi todos los empleos, que hasta aquel 18 de julio de 1936, ajenos a cualquier ideología política, tenían hojas de servicios intachables al servicio de España y sus ciudadanos.
La sinrazón de una guerra civil y la “lealtad geográfica” marcaron en muchos casos sus vidas, ante la impotencia de sus padres, hermanos e hijos que sirviendo en el bando triunfante, no pudieron hacer nada por impedirlo.

CINCUENTA AÑOS DE LA CASA CUARTEL DE MEDINA SIDONIA.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el "DIARIO DE CADIZ" del 27 de julio de 2014, pág. 28.

El original está ilustrado con 2 fotografías en blanco y negro.

FUE INAUGURADA EL 27 DE JULIO DE 1964
  
Hoy se cumplen cinco décadas de la inauguración por las principales autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la provincia, de la casa cuartel de la Guardia Civil de Medina Sidonia.
La presencia de la Benemérita en dicha localidad se remonta a los tiempos fundacionales del Cuerpo en Cádiz, tal y como ha quedado recogido en el Boletín Oficial de la Provincia, de 9 de enero de 1845; en el periódico gaditano “El Comercio”, de fecha 11 siguiente; y la Gaceta de Madrid, del día 20 de dicho mes y año.
En sus textos se informaba de que la 3ª Sección de infantería, perteneciente a la compañía mixta de la nueva fuerza de seguridad pública que acababa de crearse y llegar a Cádiz, se instalaba en la localidad de Medina Sidonia.
Debía vigilar especialmente los pinares de Chiclana de la Frontera y extender su acción hacia los términos municipales de Conil de la Frontera y Vejer de la Frontera.
También se precisaba que debía de estar en comunicación con la fuerza de caballería del mismo Instituto, situada en Algeciras, y con la 2ª Sección de infantería, cuya cabecera se establecía en Jerez de la Frontera.
Si se tiene en cuenta que inicialmente la Guardia Civil fijó sus primeras casas cuarteles en la provincia sólo en las ciudades de Cádiz, Jerez, Algeciras y Medina Sidonia, puede dar idea de la importancia de ésta última.
Con el transcurso del tiempo y paralelamente a la trascendencia de la localidad y su hegemonía en la zona, la entidad de la benemérita asidonense llegó a ser hasta cabecera de compañía.
Desde principios de 1845 hasta la actualidad la Guardia Civil ha estado presente ininterrumpidamente en dicha ciudad, alojándose sus miembros y familiares en sucesivas casas cuarteles, que por razón de mejora, iban cambiando de ubicación.
La responsabilidad inicial del alojamiento recayó directamente sobre el ayuntamiento que debía proceder a proporcionar el oportuno edificio destinado a tal fin. Y así fue durante más de un siglo.
Se tiene constancia documental de algunos acuartelamientos anteriores, como el ubicado en el número 1 de la plaza del Bautista, propiedad de Salvador Hidalgo Pardo de Figueroa, marqués de Negrón, cuyo contrato de alquiler fue aprobado por real orden de 5 de diciembre de 1920, abonándose por el ayuntamiento, entonces presidido por el alcalde Andrés Núñez Suárez, un alquiler anual de 1.800 pesetas.
Luego le sucedió el de la calle San Juan de Dios núm. 1, antiguo convento cedido gratuitamente por la corporación municipal y aprobado por real decreto inserto en la Gaceta de Madrid, de 19 de julio de 1928.
Entre diciembre de 1931 y febrero de 1932 hubo un intento de que la Guardia Civil desalojara dicho acuartelamiento al objeto de ser destinado para albergar un grupo escolar, propuesta que fue finalmente desechada al ofrecerse como alternativa edificios ya ocupados anteriormente y que se encontraban en mucho peor estado.
Tras muchas vicisitudes y propuestas fallidas, habría que esperar hasta que se dictara el decreto de 21 de diciembre de 1956, para que se aprobara en consejo de ministros la construcción de la primera y actual casa cuartel, concebida especialmente para dicho cometido.
El coste inicialmente presupuestado fue de dos millones de pesetas, si bien terminaría duplicándose, de las que 200.000 serían aportadas por el ayuntamiento, incluido el solar. Acogida al régimen de viviendas de renta limitada, el nuevo acuartelamiento suponía entonces un importantísima mejora en las condiciones de vida y alojamiento de los guardias civiles y sus familias.
Finalmente, después de salvar numerosos trámites y transcurridos ocho años, la nueva casa cuartel de Medina Sidonia, cabecera entonces de la 3ª Compañía de la 237ª Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz, fue una realidad, fijándose como fecha para su inauguración oficial la del 27 de julio de 1964.
Cinco meses antes, el 26 de febrero, bajo la presidencia del alcalde accidental, Salvador González Núñez, la corporación municipal fue informada de los actos que se acostumbraban a celebrar con motivo de tal evento y la entrega de banderas para los nuevos acuartelamientos de la Guardia Civil.
Se dispuso por lo tanto la donación de una enseña nacional, costeada por suscripción popular abierta por el ayuntamiento asidonense, al objeto de ser entregada el día de la inauguración.
Gracias a la extensa crónica publicada al día siguiente por DIARIO DE CÁDIZ se tiene el fidedigno relato de lo acaecido aquella memorable fecha.
Presidieron la ceremonia, celebrada a las seis de la tarde, el almirante Pascual Cervera Cervera, capitán general del Departamento Marítimo de Cádiz, y Santiago Guillén Moreno, gobernador civil de la provincia, acompañados del presidente de la Diputación Provincial, Álvaro Domeq Díez.
Fueron bendecidos, tanto el acuartelamiento como la bandera, por Antonio Añoveros Ataún, obispo de la diócesis de Cádiz y Ceuta.
La madrina fue la joven Carmen Gloria Madrigal Campos, quien acompañada de sus damas de honor, África Benítez Torres y Josefa Macías Carmona, pronunció unas emotivas palabras para expresar el honor, el orgullo y la satisfacción que suponían para Medina Sidonia este ofrecimiento a la Benemérita.
El alcalde Santiago López Belizón, ante los numerosos vecinos que se habían concentrado allí, entregó la enseña nacional al teniente coronel Rafael Serrano Valls, jefe de la 237ª Comandancia, quien a su vez manifestó su sincera gratitud al municipio y pueblo asidonenses.
Tal y como termina reflejando la crónica, aquella fue una jornada de júbilo para Medina Sidonia, ya que además de inaugurarse su casa cuartel de la Guardia Civil, se procedió en la misma tarde a la de un centenar de viviendas sociales en la barriada de la Paz así como de una subestación eléctrica y la red de alcantarillado, además de otras pequeñas obras.
Hoy cincuenta años después La Benemérita rinde, con un emotivo acto a las diez de la mañana, un merecido homenaje a los guardias civiles y familiares, que desde 1964 han vivido en dicha casa cuartel.


jueves, 24 de julio de 2014

UNA NOVELA "VALIENTE" SOBRE LA PRESENCIA ESPAÑOLA EN IRAQ.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 24 de enero de 2005, pág. 36.
Eso ponía en letras inmaculadas sobre una tira de papel de color azul que envolvía la portada de un libro de reciente edición, titulado "Invasor" que me regalaron estas Navidades.
Ya se sabe que dichas fechas son proclives para hacer regalos a los familiares y a las amistades, y desde luego un libro, un buen libro, siempre es una buena opción.
Así lo creo yo y así lo creía también la persona que me lo regaló, pensando además de buena fe que tras mis meses de reciente estancia en Iraq, el tema sería de mi agrado e interés.
Los que no son muy habituales a las librerías suelen deslumbrarse cuando se acercan a sus escaparates y ven los libros coquetamente expuestos, rivalizando unos con otros, por resultar más atractivos a los ojos del posible comprador, que no siempre lector.
Si se atreven a pasar al interior, su asombro e inquietud tal vez salten simultáneamente al ver alineados en sus estanterías o mesas y perfectamente alineados o desplegados a millares de libros. 
Ante la duda, si no se tiene una idea prefijada, lo normal es buscar algo relacionado con un tema que se crea de interés para el destinatario final, por lo que normalmente no queda más salida que dejarse guiar por una original portada o un sugerente título.
Sin embargo, a veces ello no es suficiente y se hace necesario por parte de la editorial dar un pequeño empujoncito y nada mejor para ello que una tira de papel que rodeando la portada contenga una brillante cifra que haga referencia a las ediciones publicadas, al elevado número de ejemplares vendidos o en su caso una estudiada frase que seduzca definitivamente sobre su contenido.
Desgraciadamente, y al igual que ocurre en otros órdenes de la vida, ni es oro todo lo que reluce ni todo es lo que se dice. Y esto es lo que pasó con nuestra valiente novela sobre la
presencia española en Iraq, pues nada más alejado de la verdad. La publicidad engañosa infecta por desgracia hasta nuestra literatura.
Y no es que su consagrado autor necesite ayuditas para vender libros pues en su nómina de escritor le figuran ya unas cuantas obras y premios, incluido un Nadal.
Mala pasada le ha jugado esta vez su editorial.
La novela tiene por protagonista a un sargento médico español que tras verse envuelto con su ambulancia en una sangrienta emboscada salva milagrosamente su vida y tiene que esconderse en una casa donde es gravemente herido no sin antes de matar con su pistola a dos ciudadanos iraquíes, uno de ellos casi un niño. 
Tras primeras páginas ya está evacuado en España y todo el resto del libro discurrirá sobre sus reflexiones y remordimientos. Y ....?, ya está.
No seré yo quien juzgue el laudatorio comentario editorial de la contraportada sobre la "prosa precisa y la extraordinaria pericia literaria" del autor quien como se dice líneas antes "ha querido significarse sobre la guerra ilegítima de Iraq", pero lo que sí que digo y firmo, con luz y taquígrafos, es que de novela valiente sobre la presencia española en Iraq nada de nada y que cualquier parecido con la realidad no es ni mera coincidencia pues siquiera esta existe.
He visto trabajar durante tres meses en Iraq, duro, muy duro, a nuestros médicos y sanitarios militares españoles, hombres y mujeres que arriesgando su vida en condiciones muy difíciles e ingratas, han sabido renovar con matrícula de honor su juramento hipocrático.
Les he visto, como los vi durante seis meses hace ya casi diez años en Bosnia en campos de refugiados y zonas devastadas, salvar muchas vidas de civiles indefensos que ni sus propios compatriotas querían atender o habían abandonado a su suerte.
Ellos sí son valientes, valientes de verdad, y no algunas novelas que se escriben cómodamente desde el ordenador de casa, sin haber visto nunca la cara a esa muerte horrible, despiadada y cruel de una población civil, siempre víctima en una guerra, por que todas ellas son injustas y quien diga lo contrario es un insensato o nunca ha estado en una.

martes, 22 de julio de 2014

BERNABE LOPEZ CALLE: GUARDIA CIVIL, ANARQUISTA Y MAQUIS.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 14 de diciembre de 2004, pág. 34. 
El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.



En estos tiempos de "recuperación de la memoria histórica", hay una asignatura pendiente en nuestra provincia –entre otras muchas– que es la correspondiente a la del denominado, por unos, maquis o guerrilla o, simplemente, bandolerismo para otros, un fenómeno que tuvo su espacio en la década de los años 40 del pasado siglo XX.

¿Héroes o villanos? Al margen de la respuesta que cada lector quiera dar, hay que precisar que como suele ser habitual aquí tampoco hay verdades absolutas y de todo hubo en la sierra gaditana, teatro principal de "partidas" de guerrilleros y "contrapartidas" de guardias civiles.

Cuando finalizó la Guerra Civil, hubo entre los derrotados quienes nunca se rindieron. Dado que la oposición política contra el Régimen era inviable por razones obvias, optaron por la oposición armada con la confianza de que contarían con el apoyo de buena parte de la población así como con la esperanza de que los países Aliados que estaban combatiendo contra las potencias del Eje terminarían por intervenir en España para derrocar al general Franco. Vanas ilusiones que pronto se truncaron en frustración, pues ni unos ni otros respondieron a sus anhelos.

Este movimiento de oposición armada antifranquista estaba integrado, principalmente, por quienes, tras haber estado combatiendo contra los alemanes desde las filas del maquis francés, cruzaron los Pirineos a partir de 1944, así como por quienes desde el mismo 1 de abril de 1939, o después de salir de las cárceles o campos de concentración, decidieron volver a empuñar un arma, derramando hasta la última gota de su sangre por sus ideales.

Pero también se mezclaron entre ellos delincuentes que protagonizaron numerosos robos y asesinatos o aprovecharon la coyuntura para cometerlos. 

Todo ello, unido a una brutal represión contra quien osaba ayudarles, provocó un rechazo social de buena parte de la población convenientemente alentado por las autoridades franquistas. 

Finalmente, el abandono que sufrieron los últimos guerrilleros por sus propios dirigentes instalados cómodamente en el exilio al cambiar la estrategia antifranquista, que implicó cortar el apoyo económico y logístico, terminó por convertirlos en verdaderos bandoleros para poder sobrevivir en unas calamitosas condiciones hasta que fueron capturados o muertos.

Uno de aquellos hombres que actuaron en la sierra gaditana se llamaba Bernabé López Calle, Comandante Abril, y fue el jefe de la Agrupación Fermín Galán, denominada así en memoria del joven capitán de Infantería, nacido en San Fernando y que había muerto fusilado tras la frustrada sublevación republicana de Jaca en diciembre de 1930.

¿Pero quién era Bernabé? Hoy sabemos que nació el 30 de mayo de 1899 en la localidad malagueña de Montejaque, donde pasó toda su infancia y que, al cumplir la edad militar fue llamado a filas, donde participó desde 1921 en las campañas de Marruecos formando parte del grupo expedicionario cordobés del 4º Regimiento de Artillería Pesada, hasta que se licenció como sargento para la reserva en 1924.

Casado y con 26 años de edad, ingresó en la Guardia Civil, prestando sucesivamente servicio en las Comandancias de Caballería del 21º Tercio de Barcelona y del 4º Tercio de Sevilla. En este último destino sufrió dos vicisitudes encontradas: por un lado, resultó herido durante las tareas de extinción de un incendio en una fábrica y, por otro, fue arrestado y trasladado a Huelva como castigo tras un incidente en una finca cuando cazaba como furtivo.

En marzo de 1931, pasó destinado a Málaga, donde al mes siguiente le sorprendió la proclamación de la Segunda República y, posteriormente, la sublevación militar del 18 de julio de 1936, permaneciendo leal al Gobierno de Madrid en su puesto de Antequera junto a los demás guardias civiles.

Durante la Guerra Civil militó en la CNT, y llegó a alcanzar el empleo de "Mayor de Infantería en Campaña" (asimilado a Comandante) del Ejército Popular de la República y a mandar el Batallón de Ametralladoras nº 17, así como, al final, la legendaria 70ª Brigada Mixta, de procedencia anarquista y que había combatido a los comunistas hasta vencerlos tras el golpe del coronel Segismundo Casado en marzo de 1939 en Madrid.

Detenido y encarcelado al terminar la contienda, fue procesado por el delito de rebelión militar y expulsado de la Guardia Civil, siéndole incoados por la Justicia militar diversos procedimientos por su supuesta responsabilidad en varios sucesos.

Encontrándose en libertad provisional decidió echarse al monte en abril de 1943, acompañado de su hijo Miguel, llegando a formar su propia partida guerrillera de ascendencia anarquista. Tras varios años de andanzas entre la zona del Campo de Gibraltar y la Serranía de Ronda, terminó por fusionarse en febrero de 1949 con la partida comunista que lideraba Pablo Pérez Hidalgo, Manolo el Rubio, surgiendo la Agrupación Guerrillera Antifascista Fermín Galán, de la que fue nombrado su jefe y cuyas acciones se multiplicaron por toda la sierra gaditana.

En la noche del 30 de diciembre de ese mismo año, la suerte cambió definitiva y funestamente para Bernabé que se había desplazado con su partida a Medina Sidonia para secuestrar a Francisco Sánchez Sánchez, dueño del cortijo Linares, y a Luis Lara Gerona, dueño del cortijo Jurado, con el objeto de conseguir dinero para financiar sus acciones. Sin embargo uno de sus hombres, Francisco Fernández Cornejo, Largo Mayo, se presentó en la casa-cuartel de la Guardia Civil para delatarlo a cambio de obtener el perdón.

Organizado el cerco bajo el mando del teniente José Giraldo González sobre el Cerro de la Atalaya, se atacó al amanecer del día 31 el campamento guerrillero, sito en el intrincado paraje de Haza del Cabezón. Bernabé y sus hombres reaccionaron también disparando sus armas. Cuando cesó el tiroteo, yacían sin vida Bernabé, pistola en mano, y Juan Ruiz Huercano, El Capitán. Sus cuerpos fueron trasladados en mulo hasta Medina Sidonia en cuyo cementerio fueron enterrados en una fosa anónima.

El resto –Miguel López García, Joselillo; Juan Toledo Martínez, Caracoles; Alfonso Sánchez Gómez, Potaje, y Juan Francisco Domínguez Gómez, Pedro de Alcalá– había huido aprovechando la confusión. Miguel, el hijo de Bernabé, también moriría víctima de la traición. El 17 de noviembre de 1950 fue asesinado en Zahara de la Sierra de un disparo en la cabeza por el maquis Manuel Palma Mesa, El Bigotes antes de entregarse a la Guardia Civil.

Bernabé: ¿Héroe o villano? Pudo haberse reintegrado en la sociedad española de la posguerra y sobrevivido al igual que hicieron en muy precarias condiciones varios miles de guardias civiles y carabineros que fueron encarcelados y expulsados por su lealtad a la República.

Sin embargo escogió el camino más difícil, más duro y más peligroso, ...

La figura de un antiguo guardia civil de los tiempos de Alfonso XIII que combatió activamente en defensa de la República y abrazó el anarquismo para terminar convirtiéndose en el jefe de una partida guerrillera antifranquista hasta morir en enfrentamiento armado contra sus antiguos compañeros, no deja de resultar atractiva y fascinante, digna de protagonizar un guión cinematográfico o una novela histórica. Sin embargo, por ahora descansa anónimamente en el cementerio de Medina Sidonia.

lunes, 21 de julio de 2014

RECENSIÓN "MAQUIS Y GUERRILLEROS" DEL PIRINEO AL MAESTRAZGO.



- La participación de la Guardia Civil -


Recensión de Jesús Núñez publicada en la Sección "Libros" de la Revista profesional "GUARDIA CIVIL", núm. 727, correspondiente al mes de noviembre de 2004, pág. 100. 
El original está ilustrado con una fotografía en color.


Nuevamente Fernando Martínez de Baños Carrillo, coronel de Artillería en la Reserva y Doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza, nos ofrece otra rigurosa obra sobre un tema de gran interés histórico para la Guardia Civil como es el del Maquis y que ha sido recientemente publicado por la editorial Delsan y públicamente presentada en un acto celebrado bajo la presidencia del General Jefe del Estado Mayor del Ejército.

Si en su libro anterior "Hasta su total aniquilación. El Ejército contra el Maquis en el Valle de Arán y en el Alto Aragón, 1944-1946", supuso entonces una importante aportación de materiales y documentos inéditos, nuevos testimonios y más detalles que completaban estudios anteriores sobre la invasión pirenaica de los maquis en 1944, su nueva obra nos desvela y profundiza principalmente -de forma objetiva e imparcial- en las acciones de armas acontecidas desde los últimos meses de 1944 hasta el año 1952, entre la guerrilla y las fuerzas que la combatieron, donde la Guardia Civil desempeñó el papel clave.

A lo largo de sus más de 300 páginas, el autor ha consultado numerosas fuentes documentales militares y civiles inéditas, entre las que destacan los diarios de operaciones de las unidades del Ejército que estuvieron desplegadas en dicha zona, localizados durante su investigación en el Archivo de la antigua Capitanía General de Zaragoza, así como los testimonios personales de varios guardias civiles y miembros del maquis de la época que aportan al lector, a través de la ágil y amena pluma del autor, sus interesantes e históricas vivencias.

La Guardia Civil es desde las primeras páginas una de las principales protagonistas. Su organización, su minucioso despliegue puesto por puesto en los sectores occidental y oriental de aquella región, el funcionamiento de las contrapartidas, el servicio diario, los hechos de armas, sus bajas y un largo etcétera ilustrado por diversas fotografías inéditas procedentes de los guardias civiles destinados por aquellos parajes, terminan por sumergir al lector en una etapa de nuestra historia que viene generando abundante literatura en los últimos años.

Mención especial merece la referencia biográfica dedicada a la figura del general de la Guardia Civil Manuel Pizarro Cenjor, que estando en activo ostentó simultáneamente el cargo de gobernador civil de la provincia de Teruel y fue el máximo responsable de acabar con el maquis en aquella zona.

La obra, tras la habitual introducción, sincera y punzante, del propio autor, se expone y detalla también como fue aquella guerra de guerrillas; la situación general de los exiliados, de los combatientes así como del movedizo terreno de la eliminación de los supuestos disidentes por sus propios compañeros del maquis; un minucioso estudio del despliegue de las unidades del Ejército así como sus acciones; los hechos de armas; la actuación de la 486 brigada del maquis en Huesca y su retirada por Lérida; los aspectos políticos, sociales, económicos y militares del Alto Aragón; así como un detallado índice relativo a las fuerzas participantes, himnos de guerrilleros, apodos, etc, no sin antes haber finalizado con unas reflexivas, imparciales y meditadas conclusiones que invitan a su vez al lector a sacar deducir sus propias opiniones.

En definitiva vuelve a tratarse, y más aún, de un libro que no deben dejar de leer los interesados en ese periodo histórico en el que la Guardia Civil fue junto al propio maquis, obligado protagonista de primer orden.

Reseña bibliográfica. "Maquis y Guerrilleros. Del Pirineo al Maestrazgo". Fernando Martínez de Baños Carrillo. Editorial Delsan Libros S.L., C/ Río Gállego nave 15. Cuarte de Huerva - 50.410. Zaragoza. Teléfono: 976-503355. ISBN: 84-95487-29-2.


domingo, 13 de julio de 2014

EL LEGADO DEL CORONEL PETTENGHI.




Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 18 de noviembre de 2004. El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

El coronel Pettenghi era de esas personas que no dejaba indiferente a nadie y la mera cita de su nombre en foros de historiadores e investigadores no solía estar exenta de cierta controversia y no menor polémica, si bien todos coincidían en el gran interés que despertaba su archivo particular sobre la Guerra Civil en la provincia de Cádiz y del que cada 18 de julio nos ofrecía un inédito capítulo en las páginas de Diario de Cádiz.

La mayoría de los eruditos, aficionados y curiosos creen que la raíz de los fondos que detentaba el coronel Pettenghi procedían de su paso por la jefatura del estado mayor del desaparecido gobierno militar gaditano y en eso se equivocan, si bien es cierto que buena parte de los mismos tiene su origen en aquella época.

Frente a algunas críticas, más o menos interesadas, que siempre corrieron al respecto, hay que reconocer y destacar el mérito del coronel Pettenghi en ello, ya que gracias a su controvertida iniciativa se salvaguardaron una importante colección de documentos históricos de una etapa desgraciada de nuestra historia que en caso contrario hubieran sido destruidos o hechos desaparecer como sucedió durante la Transición e incluso antes con otros tantos. Valga recordar al lector que en estas tierras hubo archivos oficiales que entonces se quemaron más o menos accidentalmente y más o menos interesadamente o cuyo contenido simplemente se hizo parcial e ingominiosamente desaparecer sin más.

Si bien mi relación con el coronel Pettengui venía desde hacía pocos años y me doblaba la edad, siempre me distinguió muy gratamente en su trato desde el primer día, tal vez por ser sobrino de un buen amigo y compañero suyo de la escuela de estado mayor, siendo además uno de esos privilegiados que no padecían su selectiva sordera.

La abnegada paciencia del teniente coronel José Manuel Sánchez Gey, inmejorable introductor de embajadores y gran amigo del coronel Pettenghi, así como nuestras charlas en las reuniones mensuales de la junta directiva de la Hermandad provincial de Antiguos Caballeros Legionarios donde éramos vocales, además de compartir páginas cada 18 de julio en el Diario de Cádiz publicando pasajes inéditos de nuestra desgraciada guerra civil, terminó por posibilitar que pudiera comenzar a acceder a los fondos de su archivo privado.

Y así es como privilegiadamente pude conocer que hace ya medio siglo el coronel Pettengui empezó a preservar a su particular manera un legado que caso contrario hubiese sido objeto de segura e infame destrucción. 

Y aquí es donde cedo mi pluma al erudito y desgraciadamente fallecido militar para reproducir textualmente un inédito e ilustrativo manuscrito suyo fechado en Cádiz el 27 de julio de 1953 que figura al dorso de la portada de la también inédita obra Historia del Regimiento de Infantería Cádiz nº 41, redactada por el comandante Celestino Rey Joly. Les aseguro que no tiene desperdicio.

"Cuando la explosión de las minas submarinas rusas, conocida como la Catástrofe de Cádiz, el Regimiento elevó al Gobierno Militar una relación de daños sufridos en el Acuartelamiento. Entre ellos figuraba la pérdida total del Archivo de Cuerpo. En realidad sólo hubo de lamentar la caída al suelo de algunos expedientes. Pero se optó por dar cuenta de la destrucción del Archivo.

Posteriormente, estando como teniente al frente de la Guardia de Prevención, el sargento de la misma me dio cuenta de haber impedido la salida del cuartel de un camión de matrícula civil que transportaba expedientes del Archivo.

Inmediatamente di cuenta de la anomalía al Capitán de Cuartel, el cual después de consultar con la Mayoría del Regimiento, me ordenó dejar salir el camión pues estaba autorizada la venta del Archivo como "papeles viejos". Cumplí las órdenes pero fui al Archivo por si podía recuperar la documentación del 9º Batallón donde yo había combatido en la Guerra 1936-39. No lo encontré pero si este volumen ya preparado para salir, que contiene el Diario de Operaciones del Regimiento. Salvé éste, pero fueron a parar no se sabe dónde los expedientes de las Guerras Carlistas, de Africa y de la Guerra Civil".

Si el lector no se ha sonrojado de vergüenza ajena al leer estas líneas es que es digno ciudadano de un país que lamentablemente carece de una digna "cultura de archivos".

No obstante el coronel Pettenghi dejó dispuesto hace ya medio siglo el destino final de tan inédita obra: "Encomiendo a mis herederos, que cuando yo falte entreguen este "Diario" en el Archivo Municipal, pues se trata de la Historia de Cádiz".

Estoy convencido que así será y que junto a él irá el resto de su archivo privado de interés histórico gaditano que alumbrará y deslumbrará no pocas sombras. Gracias por todo mi Coronel.

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Necrológica publicada en DIARIO DE CADIZ el 17 de noviembre de 2004.

Fallece el coronel y académico José Pettenghi a los 84 años.
Gaditano hasta la médula, combatió en varias contiendas de guerra y su vida se caracterizó por su amor por la cultura

CÁDIZ. (Redacción). José Pettenghi Estrada, uno de los símbolos de una generación de gaditanos que vivió en sus carnes la Guerra Civil, falleció la madrugada de ayer en el hospital San Rafael a los 84 años de edad. El coronel y académico estaba casado con Carmen Lachambre y era padre de seis hijos: José, Carmen, Alberto, Carlos (fallecido), Javier y María Teresa. A las cuatro de esta tarde se celebrará una misa en el tanatorio Virgen del Rosario y, a continuación, se trasladarán sus restos al Cementerio Mancomunado de Chiclana.

José Pettenghi era un gaditano hasta la médula, pese a que nació en Málaga el 19 de diciembre de 1919. Hijo de una familia burguesa, su padre Aquiles era profesor de la Escuela de Comercio, labor por la que fue destinado a principios de la década de los 30 hacia Cádiz. Pettenghi estudió el Bachillerato en el Instituto del Rosario con unos compañeros con los que hasta poco antes de su muerte se reunía periódicamente.

En el año 1936 estaba a punto de comenzar la carrera de Medicina, pero en su camino se topó el alzamiento del 18 de julio que marcaría para siempre su vida. Así, José Pettenghi se tuvo que ir al frente como alférez provisional. En la Guerra Civil siempre estuvo en la primera línea de fuego.Una vez que terminó la contienda, no pudo retomar su pasión por la medicina y continuó con la carrera militar.

En 1942 volvió a las trincheras en el Frente Ruso con la División Azul. Allí, ya como teniente, tuvo que soportar temperaturas de hasta 35 grados bajo cero con compañeros de tropa como los celebres Quini, autor de Carnaval, y Paquiro. Por su labor en Rusia le dieron la máxima condecoración alemana, la Gran Cruz de Hierro de Primera Clase.

A su regreso continuó con su carrera militar en destinos como Jaca y Ceuta, hasta que definitivamente se instaló en Cádiz. Aquí asciende a capitán y obtiene el diploma del Estado Mator, pero de nuevo tiene que volver al frente a finales de los años 50, en este caso en África.

A partir de ahí vive los años más brillantes de su vida como jefe del Estado Mayor en el Gobierno Militar en el periodo 1963-77. Según aseguran los que le conocían, tenía una gran capacidad de organización y dotes de mando, aunque también destacaba por su solidaridad y defensa de los débiles.

Una vez que cesa como jefe del Estado Mayor, ascendió a coronel, momento en el que se tiene que marchar a Huelva para ponerse al mando del Regimiento Granada 34, aunque su labor en la capital onubense duró menos de dos años. Su último destino como militar fue como director del Complejo de Cortadura, que incluía colegio e instituto.

Pero su vida no sólo se ciñó al mundo militar, sino que era un apasionado de la cultura. Así en los años 60 creó el Aula Militar de Cultura, que fue un referente durante muchos años. Además, ha dado multitud de conferencias sobre temas gaditanos, castrenses y de pintura. La última charla la dio en marzo sobre el cuadro del Guernica de Picasso.

Era ateneista de honor, académico de la Real de Historia y fue presidente de la Real Academia de Bellas Artes. José Pettenghi también ha sido articulista en Diario de Cádiz en el que bajo el título de Mis miércoles ha escrito 837 columnas en casi 15 años.