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domingo, 8 de junio de 2014

LA GUARDIA CIVIL GADITANA (1844-2004): MEDALLA DE ORO A 160 AÑOS DE HISTORIA BENEMÉRITA EN LA CIUDAD.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 12 de octubre de 2004, p. 12. 
El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

El 28 de marzo de 1844 se dictó por el Ministerio de la Gobernación el primer decreto que disponía la creación de un "Cuerpo de Guardias Civiles" que sin embargo no llegó a entrar en vigor ya que adolecía de diversos defectos, dada principalmente su naturaleza civil, poco eficaz para afrontar la problemática de bandidaje de la época.

No obstante la idea no fue baldía y cuando el 2 de mayo de ese mismo año el mariscal de campo Ramón María Narváez asumió el poder, retomó la idea encargando su organización al de igual empleo Francisco Javier Girón y Ezpeleta Las Casas y Enrile, II Duque de Ahumada y V Marqués de Las Amarillas, quien entonces ostentaba el cargo de Inspector General Militar y que durante sus primeros años en la milicia había estado muy vinculado con la provincia de Cádiz y las vicisitudes históricas acontecidas en la misma.

Fruto de todo ello y bajo el reinado de Isabel II, vio la luz el 13 de mayo de 1844 un nuevo decreto, el cual dio verdaderamente nacimiento al actual "Cuerpo de la Guardia Civil", la institución de seguridad pública más prestigiosa en la historia de España. 

Conforme se detallaba en la norma fundacional el nuevo instituto de naturaleza militar quedaba sujeto al Ministerio de la Guerra en lo concerniente a organización, personal, disciplina y percibo de haberes, y al de Gobernación en cuanto a servicio y movimientos.

Inicialmente se establecieron 14 Tercios integrados a su vez por 39 compañías de infantería y 9 escuadrones de caballería, estando compuesta su primera plantilla por 14 jefes, 232 oficiales y 5.769 de tropa, que empezaron progresivamente a distribuirse por buena parte del territorio nacional, siendo la provincia de Cádiz una de ellas.

Han transcurrido ya por lo tanto 160 años desde que una columna de guardias civiles de infantería y caballería, acompañados de sus familias, cruzara Puerta de Tierra. 

A su frente y montado a caballo se encontraba el capitán José María de Cisneros y Lanuza, el primer jefe de la Benemérita gaditana. Atrás quedaban cuatro días de camino emprendido desde la localidad sevillana de Alcalá de Guadaira, donde habían completado su instrucción por espacio de un mes.

Todos ellos pertenecían al recién creado 3º Tercio de la Guardia Civil, que bajo el mando hispalense del coronel José de Castro, comprendía también las provincias de Córdoba, Huelva y Sevilla. 

A cada una de estas provincias se le asignó una compañía de infantería y una sección de caballería, quedando inicialmente compuesta la plantilla gaditana por 1 primer capitán de la clase de comandantes del Ejército, 1 segundo capitán de la clase de capitanes del Ejército, 2 tenientes, 1 alférez, 1 cabo mayor 1º de la clase de sargentos 1º del Ejército, 3 cabos mayores 2º de la clase de sargentos 2º del Ejército, 4 cabos 1º, 4 cabos 2º, 2 trompetas, 1 tambor, 1 corneta y 120 guardias civiles.

La 1ª sección de infantería se estableció en Cádiz -haciéndose eco de su novedosa presencia la prensa de la época- y comenzó a prestar su servicio en la ciudad extendiendo su vigilancia hasta la de San Fernando. 

La 2ª sección se ubicó en Jerez cuidando de la seguridad del camino principal que se dirigía a Sevilla y recorriendo constantemente la demarcación hacia los términos de Arcos, Sanlúcar y Puerto de Santa María. 

La 3ª sección se situó en Medina Sidonia vigilando especialmente los pinares de Chiclana y extendiéndose hacia los términos de Conil y Vejer mientras que la sección de caballería se trasladó a Algeciras para ejercer su labor en el Campo de Gibraltar.

La primera casa-cuartel de la capital se instaló con su jefatura de comandancia en el convento de San Francisco sito en la entonces denominada calle del Calvario (hoy Calderón de la Barca) que con el paso del tiempo conoció otras ubicaciones como por ejemplo en las calles Barrocal, Zaragoza y desde 1958 en la actual avenida de San Severiano, próxima ya a jubilarse con el próximo traslado a la nueva de los antiguos terrenos ociosos de Astilleros.

Con el paso del tiempo y hasta nuestros días la Guardia Civil de la capital fue ampliando su plantilla –muy potenciada tras absorberse al cuerpo de Carabineros por la ley de 15 de marzo de 1940 y asumir las misiones de vigilancia fiscal del puerto y las playas- así como sus especialidades (Tráfico, Policía Judicial, Servicio Marítimo, Protección de la Naturaleza, etc.) y llegó a estar durante varias décadas diseminada en pequeños acuartelamientos repartidos por toda la ciudad, tales como por ejemplo los de las calles Obispo Pérez Rodríguez (actual Fermín Salvochea), Conde O’reilly, San Rafael o Adriano (en San José El Blanco) así como el ubicado en la Alameda Apodaca.

La vinculación e interrelación de la Guardia Civil con la capital gaditana y sus habitantes ha sido innegable a lo largo de la historia contemporánea de la ciudad, conservándose por ejemplo en el Museo de la Dirección General de dicho Instituto militar, las diversas banderas que han sido entregadas en las diferentes épocas así como en la biblioteca del actual acuartelamiento de San Severiano, la artística vitrina de madera noble con el escudo capitalino -tallada por el artesano Eladio Campe Amaya- para guardar la enseña que fue entregada el 8 de diciembre de 1935 al teniente coronel Sebastián Hazañas González en un acto público celebrado ante el monumento de las Cortes de 1812.

Asimismo Cádiz elevó su categoría en el organigrama de la Benemérita -título que sería oficialmente reconocido por real orden de 4 de octubre de 1929 con la concesión de la Gran Cruz de la Orden de la Beneficencia– al ser designada cabecera del 18º Tercio, creado por real orden circular de 1 de julio de 1898 y cuyo primer jefe fue el coronel portuense José Luis Gay González. Un siglo después, tras alternar en algún periodo su residencia con la capital malagueña, desaparecería en una nueva reorganización cuando tenía la denominación de 23º Tercio, siendo su último mando el coronel Miguel Garrido Furest.

Buena parte de la historia de la Guardia Civil de la capital ha quedado recogida desde el año 1867 en las páginas de DIARIO DE CADIZ, veterano notario de la sociedad gaditana, con ocasión tanto de sus actuaciones contra los diferentes tipos de delincuencia que ha padecido nuestra sociedad como muy singularmente por sus innumerables acciones beneméritas, entre las que destacan sobresalientemente por ejemplo las llevadas a cabo en la noche del 18 de agosto de 1947 y días siguientes –tras la catástrofe de la trágica Explosión del almacén de minas de la Base de Defensas Submarinas- donde los guardias civiles bajo el mando del teniente coronel Roger Oliete Navarro rescataron de entre los escombros a un total de 523 víctimas, según los informes de la época, o más recientemente en el tiempo durante las tareas de evacuación de centenares de enfermos y familiares de la residencia sanitaria "Puerta del Mar" al sufrir un aparatoso incendio el 16 de abril de 1991, siendo entonces jefe de la Comandancia el teniente coronel Ignacio Lombo López.

Ciento sesenta años después de que los primeros guardias civiles llegaran a nuestra capital, el Ayuntamiento concedió por unanimidad en el pleno celebrado el 10 de septiembre de este año -siendo jefe actual de la Comandancia el coronel Antonio Dichas Gómez- la Medalla de la Ciudad en su categoría de Oro, que fue recogida el pasado día 9 en el salón de plenos de la casa consistorial por el propio Director General de la Guardia Civil, el teniente general Carlos Gómez Arruche, acompañado de una comisión de jefes, oficiales, suboficiales, cabos y guardias civiles, que hoy –día de su patrona la Virgen del Pilar- siguen teniendo al igual que ayer al honor como principal divisa.

PISTOLAS "TARIQ": CON MÁS DE MIL AÑOS DE HISTORIA.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el nº 268 correspondiente al mes de septiembre de 2004, de la Revista "ARMAS", pp. 68-73. 
Los originales están ilustrados por diecinueve fotografías en color.


En el año 711 el beréber Tariq ben Ziyad, tras cruzar el Estrecho de Gibraltar –al que dio su nombre- derrotó al Rey Don Rodrigo en la histórica batalla del Guadalete, comenzando así la presencia musulmana de ocho siglos en la Península Ibérica. Casi mil trescientos años después su nombre y efigie adornan las pistolas iraquíes.


En Iraq el nombre de Tariq –también Tarik o Tarif- es tan corriente como por ejemplo en España el de Manuel. De hecho uno de los iraquíes más conocidos en Occidente, después del derrocado dictador Sadam Hussein, es su ex-viceprimer ministro Tariq Aziz, cuya captura en abril del año pasado por las Fuerzas de la Coalición recorrió las cadenas de televisión, radio y prensa de todo el mundo.

Aunque los orígenes del nombre se pierden en la noche de los tiempos y ha habido muchos Tariq en el Islam, sólo hay uno -cuya historia se funde con la leyenda- que precisamente por sus singulares y destacadas vicisitudes en Hispania (España), dio denominación a las pistolas fabricadas en Iraq.

Se trata del beréber Tariq ben Ziyad, gobernador de la ciudad norteafricana de Tánger y lugarteniente del árabe Muza ben Noseir, antiguo recaudador de impuestos en Basora y señor de Ifriquiya, quien entre los años 705 y 707 conquistó con ayuda de tribus beréberes islamizadas, el Magreb y Mauritania, para Al-Walid ben Abdul-Malik, califa de los musulmanes en Bagdad.

Aprovechando las luchas internas sucesorias entre los visigodos y con el apoyo del despechado Don Julián, gobernador de Ceuta, Tariq desembarcó en el mes de abril del año 711 en Al-jazirat (Algeciras) al frente de un ejército con el que tras mantener escamaruzas con las huestes del rey Don Rodrigo, terminó por derrotarlo en una cruenta batalla acontecida en julio a orillas del Guadalete en la provincia de Cádiz.

Seguidamente Tariq, a quien se debe el nombre de Gibraltar (Gebal Tariq o Monte Tariq) cuyo peñón también ocupó, inició la explotación del éxito hasta llegar a Toledo, donde contó con la valiosa colaboración de los traidores visigodos witizanos enemigos de Don Rodrigo. Durante los años siguientes Tariq fue conquistando las ciudades de Lérida, Barcelona y Tarragona, habiendo participado anteriormente junto a Muza, que había llegado a Andalus (Andalucía) con más refuerzos, en la toma de Zaragoza entre otras importantes poblaciones.

Tras continuar ampliando el territorio ocupado a los desmoralizados y desunidos visigodos, Muza y Tariq -que llegaron a mantener graves disputas entre ellos mismos- abandonaron la Península en septiembre de 714 para rendir cuentas ante el califa en Damasco, no volviendo ya nunca más y muriendo ambos en circunstancias trágicas, fruto de las envidias y disputas de la época.

Habría que esperar hasta julio de 722 para que un grupo de astures mandados por Don Pelayo iniciara desde Covadonga una lenta reconquista que duraría ocho siglos y que se culminaría en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.


Las pistolas Tariq.


Casi mil trescientos años después de la muerte de Tariq ben Ziyad, las pistolas fabricadas en Iraq tomaban su nombre como homenaje a su histórica figura, llevando por tal motivo su efigie en un medallón dorado incrustado en sus cachas.

Si bien hasta no hace mucho las pistolas Tariq no eran muy conocidas en España, formando parte tan sólo de alguna privilegiada colección y con escasísima presencia en nuestra bibliografía y publicaciones especializadas, la violencia delincuencial y terrorista las convirtió en puntuales protagonistas de nuestros medios de comunicación.

Tales fueron los casos, por ejemplo, de los asesinatos de un miembro del Cuerpo Nacional de Policía, al intentar frustrar el 26 de julio de 2001 un atraco en una sucursal bancaria de la localidad madrileña de Móstoles y, de un agente del Centro Nacional de Inteligencia el 9 de octubre de 2003 en su domicilio de Bagdad. En ambos casos los criminales utilizaron una pistola Tariq.


Más recientemente, las pistolas Tariq han sido muy conocidas por los militares españoles que han estado desplegados en Iraq entre agosto de 2003 y mayo de 2004, formando parte de las Brigadas "Plus Ultra" I y II así como del CONAPRE (Contingente de Apoyo al Repliegue Español) ya que durante su permanencia en la Operación "Iraqi Freedom", decomisaron varias docenas de ellas, recamaradas tanto para el cartucho 9 mm. Parabellum como para el 7’65 mm. Browning.

Las pistolas Tariq comenzaron fabricándose en Iraq bajo licencia de la firma italiana Beretta, ya que se trataban de copias de algunos de sus modelos más conocidos, al igual que había ocurrido en otros países. Concretamente se trataban del modelo 951 de 9 mm. Parabellum, también denominado Brigadier, y del modelo 70 de 7’65 mm. Browning.

Respecto al primer modelo citado, países tan enfrentados en la misma zona de Oriente Medio como Egipto –fabricado bajo licencia en la Factoría nº 54 de Maadi en El Cairo y con la denominación de Helwan- e Israel, también la adoptaron para sus respectivos ejércitos. Otras naciones que la han tenido de dotación en sus fuerzas armadas y de orden público han sido las de Nigeria y Túnez.

El modelo 951, que puede considerarse como la precursora de la saga de los modelos 92, se inspiró parcialmente en la legendaria pistola alemana Walter modelo P-38 y sustituyó al modelo 1934 que hasta entonces tenían de dotación reglamentaria las fuerzas armadas italianas.

Todavía no había llegado la época de las pistolas de polímero, doble acción, miras regulables y cargador de gran capacidad así que aquella pistola de aspecto robusto, fabricada en acero, simple acción, miras fijas y cargador monohilera, cuyo comportamiento en el tiro era bueno, bien podía considerarse en su conjunto como un arma fiable y eficaz, motivo por el cual no es de extrañar que pronto traspasara las fronteras italianas y ya en década de los años 60 del siglo XX formara parte de las dotaciones de los ejércitos egipcio e israelita.

Sin embargo se desconoce cuando y bajo qué condiciones comenzó a fabricarse en Iraq. Si se sabe, tal y como ya han quedado descritas, las razones de la elección del nombre de Tariq, pero son todavía muchas las incógnitas que quedan por despejar y que incluso los oficiales del ejército y policía iraquíes recientemente consultados no han sabido dar una respuesta satisfactoria.

En aras de poder ofrecer a los lectores la mayor cantidad de información, documentada y contrastada, desde ARMAS se solicitó y reiteró la misma a la Fábrica de Armas Pietro Beretta, sita en Gardone Val Trompia (Brescia), sin que se haya obtenido hasta el momento respuesta alguna, circunstancia que ha causado gran extrañeza, ya que por su parte siempre había existido una gran colaboración, tal y como quedó acreditado por ejemplo en el artículo sobre la pistola Beretta modelo 1931 de la Regia Marina, publicado en ARMAS nº 202. No obstante y si por fin se recibe contestación, su contenido será publicado, dado el interés del tema, en un próximo número.

De lo que no hay duda es que tanto los modelos 951 de 9 mm. como 70 de 7’65 mm., de las pistolas Tariq, fueron al menos fabricados inicialmente bajo licencia de la firma italiana, tal y como lo acredita la inscripción en inglés "Licensed by BERETTA" que se puede apreciar en el lateral derecho de las correderas de algunos de los modelos examinados y que ilustran estas páginas. 

Sin embargo no puede asegurarse lo mismo respecto a otros ejemplares, que también aparecen fotografiados en este artículo, donde dicha leyenda ha desaparecido así como la aparente disminución en la calidad de los materiales empleados en su fabricación, circunstancias que plantean las correspondientes dudas y las consiguientes hipótesis.

Respecto a la fecha de inicio de la producción bajo licencia de Beretta, no se puede precisar con exactitud por la citada falta de información, si bien puede fijarse a finales de los años 70 del siglo XX, ya que un modelo de la misma, con el nombre de Tariq, fue presentado en una exposición internacional de armamento que se celebró en Egipto en el año 1979.

No obstante llama poderosamente la atención que en la diversa bibliografía consultada sobre la firma italiana, editada con posterioridad al inicio de la fabricación de las pistolas Tariq en Iraq, el mutismo es absoluto, citándose frecuentemente en cambio la dotación del modelo 951 en las fuerzas egipcias e israelitas.

Las cadenas de montaje de las pistolas Tariq se instalaron en el importante centro armero de Qadisiyah constituido por un vasto recinto de ocho kilómetros cuadrados de extensión. La maquinaria fue la misma que utilizó la firma Beretta en Italia para la producción de sus modelos 951 y 70.

Asimismo se carecen de datos sobre el número de armas fabricadas de ambos modelos y la fecha real en que cesó su producción. Los comentarios recogidos en la zona de que diariamente salían de sus cadenas de montaje 1.000 pistolas de 9 mm. Parabellum y 500 de 7’65 mm. Browning, parece un tanto exagerada y más bien fruto de la propaganda del régimen dictatorial.

Respecto a su numeración, siempre estampada en el lateral izquierdo del armazón, todos los ejemplares localizados de 9 mm. constan de diez o nueve dígitos y comienzan por 0313 o 313, mientras que los de 7’65 mm. constan de ocho dígitos y siempre comienzan por 315. También hay que significar que la cantidad de pistolas Tariq de 9 mm. incautadas en Iraq era muy superior al de 7’65 mm.

Asimismo es habitual encontrar inscripciones en inglés en el lateral derecho de sus correderas, tales como las de "Tariq 9 m/m Iraq", "Tariq 9 mm made in Iraq" o "Tariq 7.65 m/m Iraq". 

Sin embargo no se puede concretar cuando dejó de aparecer la leyenda impresa que garantizaba su fabricación bajo licencia Beretta, pero lo que si es cierto es que en los modelos más recientes, donde ya no figura, se puede apreciar una significativa merma en la calidad de los materiales empleados así como en su acabado, fruto todo ello seguramente de la sucesión ininterrumpida de guerras, embargos y sanciones internacionales que ha padecido Iraq en los últimos años.


Objeto de recuerdo y colección.


Las pistolas Tariq de 9 mm. fueron de dotación reglamentaria en las fuerzas armadas iraquíes así como en su policía uniformada y la temida Guardia Republicana de Sadam Hussein, mientras que el modelo de 7’65 mm. era empleado por los policías destinados en las unidades de investigación y las milicias del partido BAAZ, soporte fundamental del régimen dictatorial, junto a las de otras marcas y modelos.

Si bien todas las Tariq se tratan, con mayor o menor calidad, de copias de los modelos 951 y 70 su principal peculiaridad reside, además del medallón dorado con la efigie del caudillo beréber, en las diferentes y curiosas inscripciones en árabe escritas de derecha a izquierda en sus correderas. 

Aunque en su mayor parte suelen ser las de "Arma del calibre 9 milímetros. Producción general de Qadisiyah-Iraq", "Arma del calibre 9 mm fabricada en Iraq" o en su caso "Arma del calibre 7’65 milímetros.Producción Qadisiyah-Iraq", también pueden leerse textos y dedicatorias singulares como la que ilustra una de las fotografías que acompañan estas líneas: "Patria y Honor del Luchador. Regalo del Presidente Líder Sadam Hussein para el que ha luchado por su Patria".

A pesar de que a la nueva Policía iraquí se le está entregando la moderna pistola Glock modelo 17 de 9 mm. Parabellum fabricada en EE.UU. y al embrionario nuevo Ejército -tutelado por las Fuerzas de la Coalición bajo la denominación de Cuerpo Iraquí de Defensa Civil- se le dota todavía con una variada amalgama de armas cortas, además de los consabidos kalasnikov, la verdad es que muchos de sus oficiales han manifestado en privado su deseo de volver a tener como nostálgico recuerdo una pistola Tariq, constituyendo de hecho el mejor regalo que se les puede hacer.

Si bien es pronto para aventurar que algún día pueda resucitar la marca Tariq con nuevos modelos en Iraq, lo cierto es que dichas pistolas ya se han ganado el derecho a engrosar los libros de autorizaciones de coleccionistas de sus afortunados poseedores y que son piezas históricas en vía de extinción.

Ficha técnica de la pistola Tariq de 9 mm. Parabellum.
  • Tipo: Pistola semiautomática.
  • Calibre: 9 mm. Parabellum.
  • Mecánica: Simple acción.
  • Longitud de cañón: 115 mm.
  • Longitud total: 204 mm.
  • Altura: 138 mm.
  • Peso (sin munición): 890 gr.
  • Capacidad cargador: 8 cartuchos.
Ficha técnica de la pistola Tariq de 7’65 mm. Browning.
  • Tipo: Pistola semiautomática.
  • Calibre: 7’65 mm. Browning.
  • Mecánica: Simple acción.
  • Longitud de cañón: 89 mm.
  • Longitud total: 150 mm.
  • Altura: 123 mm.
  • Peso (sin munición): 670 gr.
  • Capacidad cargador: 8 cartuchos.